La casa del gigante por Elizabeth Mc Cracken
"... ¿Que no estaba triste? A mí me parecía la persona más triste del mundo, una mujer a la que la vida y sus trampas dejaban totalmente perpleja. Como yo era una persona triste, reconocía eso. Mi propia tristeza no es algo que admito frente a otra gente. Si alguien me preguntara, entonces sí, creo que tal vez lo admitiría. Si alguien quisiera saber, le explicaría que soy una persona fundamentalmente triste, una persona fundamentalmente incapaz de despertar amor, una persona que se pasa la vida deseando un número de cosas que no puede obligarse a nombrar o definir.Alguna gente es un pequeño trabajo de referencia de sus propias obsesiones y deseos, un trabajo en el que la información se cruza y se pone en el índice y rebalsa por todos lados. No esperan que los consulten, simplemente la suministran.
Otros, no somos así. Somos los verdaderamente tristes, creo yo; como en algunas religiones en las que los que rezan solos, los que hacen penitencia y trabajo de caridad solos son los verdaderamente piadosos. Como verdaderamente piadosos nosotros nos reconocemos unos a otros. La señora Sweatt y yo éramos solitarias, independientes y estábamos siempre en un funeral.
Pero ella era hermosa y yo no. Es una diferencia vital..."
Otros, no somos así. Somos los verdaderamente tristes, creo yo; como en algunas religiones en las que los que rezan solos, los que hacen penitencia y trabajo de caridad solos son los verdaderamente piadosos. Como verdaderamente piadosos nosotros nos reconocemos unos a otros. La señora Sweatt y yo éramos solitarias, independientes y estábamos siempre en un funeral.
Pero ella era hermosa y yo no. Es una diferencia vital..."
Etiquetas: Reflejo

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